
Fue al dar a vuelta a la esquina cuando la vi,
allí estaba de espaldas con su pelo negro recogido,
su espalda al descubierto, su postura tímida.
Fue un amor a primera vista, un vuelco del corazón,
un palpitar acelerado.
Estaba esperando al primero que se la quisiera llevar
tuve suerte de ser yo
no me lo pensé dos veces y la aborde;
-Hola
-¿Qué quieres?
-¿Cuánto?
-Hoy setenta euros
-De acuerdo
No lo dude un instante y nos dirigimos a mi casa
mi ego se agrandaba por ir a su lado,
la gente nos cedía el paso, nos miraban
creo que en esas miradas hasta había envidia
cuatro pisos sin ascensor no son nada
cuando tienes el corazón en un puño
la ilusión te desborda, las piernas tiemblan
y la mente vuela.
Directamente fuimos a la habitación:
-este sitio esta reservado pero no creo que venga,
y si viene; siempre te puedes ir a la otra habitación
incluso acomodarte en el salón.
-Espera, te quito esas cosas de ahí para que no molesten,
solo son recuerdos, ropa usada, bobadas….
Así de espaldas y desnuda, es una diosa,
sus piernas, sus caderas, sus hombros…
una luz en las tinieblas, un placer para la vista.
Me acomodo entre sabanas recién planchadas
y no me canso de mirarla y mirarla.
-no te asustes si suena mucho la cama,
los vecinos no protestan,
yo aun no me he acostumbrado
y cualquier día la sujeto, la alicato o la cambio
ella calla, no dice nada, sigue en su postura fetal
esta llena de luz, de magia, de compañía, de complicidad….
su sola presencia lo llena todo,
seguro que se quedara mucho aquí
será la dueña de la casa, envidia de las visitas
con su porte, su saber estar, su belleza.
Sigo mirándola mientras mi cabeza, se acelera,
sueña, se adelanta a los acontecimientos.
Cierro los ojos, me siento bien, tengo una felicidad calmosa,
una tranquilidad posterior al desasosiego,
pienso que por fin lo he conseguido.
Este era el cuadro que buscaba para esta habitación.